Chavela Vargas: una vida a contracorriente

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“Yo he tenido que luchar para ser yo y que se me respete, y llevar ese estigma, para mí, es un orgullo. Llevar el nombre de lesbiana. No voy presumiendo, no lo voy pregonando, pero no lo niego. He tenido que enfrentarme con la sociedad, con la Iglesia, que dice que malditos los homosexuales… Es absurdo. Cómo vas a juzgar a un ser que ha nacido así. Yo no estudié para lesbiana. Ni me enseñaron a ser así. Yo nací así. Desde que abrí los ojos al mundo. Yo nunca me he acostado con un señor. Nunca. Fíjate qué pureza, yo no tengo de qué avergonzarme… Mis dioses me hicieron así.”

Chavela Vargas, la dama de poncho rojo, vivió los 93 años de su vida a contracorriente, la cantante rompió las reglas y estereotipos de su época cuantas veces quiso; se consolidó como una de las grandes intérpretes de música ranchera porque siempre cantó lo que sentía sin importar nada más.

El nombre artístico de Isabel Vargas Lizano era en sí mismo un provocación, la cantante decidió darse a conocer al mundo como Chavela, con ‘v’ y no con ‘b’, nomás por joder, porque Chabelas ya había muchas, explicó la cantante en varias entrevistas.

Contrario a la figura tradicional del cantante ranchero, Chavela no cantaba acompañada de un gran grupo de mariachi. Guitarra en mano y una botella de tequila a los pies (a veces al revés) la cantante cimbraba los escenarios con sus desgarradoras interpretaciones de canciones populares.

Aunque Chavela se convirtió, al paso de los años, en uno de los máximos iconos de la música mexicana, su tierra natal se encuentra al sur del territorio nacional, exactamente, en San Joaquín de las Flores, Heredia, en Costa Rica, nación que la vio crecer hasta los 17 años.

El primer desamor en la vida de Chavela no vino de alguna de sus parejas, sino de sus propios padres, quienes tras el divorcio se desentendieron de ella y la dejaron al cuidado de unos tíos, fue tras esa etapa que ‘La Chamana’ fue diagnosticada con poliomelitis.

“No hay dolor igual en un ser humano que el que da la exclusión, el rechazo, el desamparo, sobre todo si ese ser humano es un menor de edad, una niña pequeña y sola como lo era yo”, así describió Chavela el abandonó sus padres en su libro de memorias.

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